El Teatro Solís, la escuela “Estado de Israel” en Camino Carrasco , la Iglesia Tierra Santa, una escuela pública en Melo, otra en Treinta y Tres , la Parroquia Santa María Madre de la Iglesia y San Juan Bosco en una zona de niños carenciados, escuelas de la colectividad y movimientos juveniles, son algunos de los escenarios en los que actuará la semana entrante el singular músico israelí Tal Kravitz.
Tal (39), nacido en el kibutz Ramat Hakovesh y residente desde hace años cerca de Tel Aviv, es un artista enamorado de la música..y de la gente. Creativo, dinámico (“hiperactivo”, afirma él)..y muy sonriente.
Antes de viajar a su encuentro hace pocos días, pregunté si no le molesta que vaya con compañía: mis sobrinos chicos. “A mí me gusta la gente, así que cuanto más, mejor”, contestó Tal. En el interín, pocas horas antes de la cita pactada, nos llamó desde un kibutz del sur, para contar de una uruguaya con la que se había topado durante un espectáculo, pasándonos además, por supuesto, el teléfono.
Horas después, estábamos en otro mundo..Sólo Tal puede ingeniárselas para que su casa parezca un campamento de verano en medio de la selva (o casi), aunque está ubicada a cien metros de una de las calles de mayor tráfico de Ramat Gan. Plantas, de todo tipo, una especie de fuente artificial con un pez, dos conejitos que saltaban por todos lados y a los que Ilan, de 3 años, estaba feliz de alimentar.
Tal nos esperaba con una fuente llena de sandía ya cortada y pronta para comer, además de un plato repleto de pequeños helados para los chiquitos, que Taly e Ilan disfrutaron aupa de su tía. Y con el himno nacional uruguayo que nos cantó “a capella” comentando que “es el más largo del mundo, con casi un minuto y medio de introducción instrumental” y revelando además que se ha hecho la costumbre, como homenaje a los países que visita, aprender de memoria sus respectivos himnos y cantarlos al llegar.
“El uruguayo lo saqué de la computadora, bajé la letra, me la anoté de forma que yo sepa cómo pronunciarla bien, lo escuché unas 50 veces y lo aprendí de memoria”, cuenta satisfecho. No averiguamos si cumple a la perfección ese compromiso que ha contraído consigo mismo, pero imaginamos que si lo hace, debe ser el mayor registro andante del planeta de himnos nacionales, ya que Tal ha recorrido casi todo el mundo con su música.Son pocos realmente los lugares que no ha visitado. Es curioso que Estados Unidos ha sido uno de los últimos.
Tal estudió dirección de coros , composición y música clásica, pero hace ya mucho que tiene claro que lo suyo es la amplia variedad de la música del mundo, destacando al mismo tiempo que lo que más le gusta presentar es la historia del pueblo judío y de Israel, a través de la música.
“Mi mayor amor de todo lo que he oído, visto y conocido hasta ahora, es la clásica judía y de la tierra de Israel.Cuando vivía en el kibutz siempre acompañaba a los voluntarios enseñándoles canciones en hebreo, tocaba el piano con ellos..siempre me inspiraba mucho enseñar a la gente a cantar en hebreo. En Africa enseñé a niños a cantar varias canciones en hebreo, especialmente de Naomi Shemer, con instrumentos musicales africanos”.Y agrega: “Creo que la música es una de las cosas más hermosas que tenemos en la cultura israelí. En todos lados, tanto ante públicos de embajadores como de tribus , la gente se sentía muy tocada por las canciones israelíes….Con la tribu Masai en Kenya, reaccionaron divinamente a la canción “Aní eshtaguéa kshe tomar shalom”.Aclara que no sólo a tribus africanas enseñó a cantar en hebreo. “También en Letonia…estuve con los estudiantes de etno musicología de la universidad de Riga. Gente impresionante. Combinamos los instrumentos típicos de Letonia con las músicas israelíes (Jerusalem de oro, Elí Elí..) impresionante..También en India lo hicimos…Y no hubo ensayos siquiera…impresionante”.
Claro que cuando se presenta-tal cual lo hace a menudo-ante públicos de ciudadanos árabes de Israel, su show es “más cosmopolita”.
“Lo que más sé de música lo he aprendido en el terreno mismo,en mis andanzas por distintos lugares del mundo, entre músicos. Siempre busqué a los músicos que aprendieron casi como parte de una dinastía de expertos en tocar determinado instrumento o cantar determinada canción característica de su cultura y su país, sea en las ciudades del sur de Bulgaria, en Escocia, en las aldeas de Suiza para aprender “yudl”, en Papua Nueva Guinea, en Australia con los aborígenes y mucho más”, nos cuenta Tal.
Pero esa pasión por la música y sus secretos, se manifiesta a través de otro gran amor de este músico israelí: ayudar a gente en situaciones singulares, en lugares a los que seguramente el promedio de los artistas no llega. Por eso se presenta a menudo ante públicos como presos en rehabilitación, gente con discapacidad y hospitales.
“En públicos comunes siento mucho amor de la gente y su satisfacción, pero con otros públicos siento también cuánto lo necesitan, cuán sedientos están de algo así. Cada situación que les puede inspirar una sonrisa, puede que les acompañe por mucho tiempo”.
Esas situaciones son de mutuo enriquecimiento. Tal hasta disfruta de comentar que cuando va a una cárcel (y aclara que sólo si se trata de rehabilitación), nota que por unos momentos, los presos y los carceleros están en la misma situación…Originalmente trabajó con niños con necesidades especiales, en lo que en Israel se llama “educación especial”, pero finalmente decidió dedicarse enteramente a la música y usarla como vía de llegada a quienes necesitan una ayuda fuera de lo común.
Llegue adonde llegue, Tal deslumbra con la variedad de sus instrumentos.
“Tengo cientos, ya no tengo dónde ponerlos”, cuenta sonriente .Lo comprobamos al entrar a la pieza contigua a su dormitorio, donde tiene numerosos instrumentos colgados de la pared y algunos prácticamente del techo. “Ni que hablar del suelo”, comenta riendo.
“Lo que gano, como ves, no lo gasto en ropa ni en comida cara”, dice, hablando del entusiasmo que le embarga cuando adquiere algún nuevo instrumento.
Uno de los más especiales es el Teremín, que no sabemos si lo más adecuado sería decir “inventado” o “hallado” , por el científico judío Leon Teremin en 1912 en Rusia. “Fue por error, trató de mejorar la radio y por casualidad le salió ese aparato, que se dio cuenta puede usar como instrumento musical”.
Es el primer instrumento musical electrónico del mundo y tiene la particularidad de que se toca sin tocarlo…”en el aire”..maniobrando con las ondas creadas en el espacio entre la antena y la parte inferior. Lo verán este domingo en el Teatro Solís. Para los impacientes, recomendamos entrar a youtube.com, buscar Tal Kravitz y hasta pueden buscar su presentación en Teledoce en su viaje anterior a Uruguay hace dos años..Ahí tocó el Teremin.
“Yo era un poco conservador y siempre decía que los instrumentos electrónicos no tienen sentimiento. Pero cuando descubrí el Teremin cambié de opinión. Es uno de los instrumentos que conozco que más capaz es de expresar sentimientos”. Es que , explica, tiene seis octavas y da opciones interminables de sonidos. Tal cuenta que la música judía Clara Raizenberg, de Vilna, que se destacaba tocando el Teremin, dijo: “Los instrumentos no hacen música, la gente la hace”. O sea que el instrumento da las posibilidades técnicas, pero sin el alma y la destreza de Tal, de nada valdría.
Y esa alma aventurera y musical lo ha llevado a los confines más variados de la Tierra. Estuvo tres veces en una cárcel de rehabilitación de mujeres en Thailandia, en una aldea en la jungla en Camboya, en aldeas a las que llegó en lancha a motor a la jungla por el río ante gente que nunca había visto ni oído una gaita o un arpa. Allí no pudo tocar el teremín, ya que no había electricidad.
El instrumento que más le gusta pero que no podrá llevar a Uruguay, es el arpa irlandesa, celta, también conocida como arpa trovadora. “Es el que más me gusta porque uno lo tiene que abrazar para tocarlo y pasa todas las vibraciones al cuerpo”.
Años atrás se compró un cuerno de los Alpes (para el que tomó allí clases especiales), de cuatro metros de largo. Ni pedimos que nos explique cómo lo llevó a Israel…
Pues con todo este imponente trasfondo y su contagiosa energía, Tal llega ahora por segunda vez a Uruguay. “En el viaje pasado, la gente en Uruguay me pareció muy agradable, simpática, cálida”. Preguntamos si le ha pasado alguna vez llegar a un lugar y no sentirse cómodo.
“No, nunca. Pero sí pasa que en algunos sitios me siento más cómodo de lo común. Hasta ahora lo que más especial me resultó fue presentarme en países del Tercer mundo.En el mundo occidental uno siente que la gente tiene su horario, sus cosas, que no me necesita realmente…aunque sean simpáticos. Pero en lugares como India. Filipinas, Thailandia, uno siente cuánto aprecian el que yo venga a presentarme , como si eso fuera lo mejor que les pasó en todo el año. En San Francisco uno siente que es sólo una actividad más”.
En Uruguay, sintió algo intermedio:”Está claro que Uruguay es un país occidental, pero la gente es mucho ´mas abierta que en otros lados..Se acercan, conversan, se interesan.Te acompañan.Eso es lindo”.
Los distintos enfoques inciden inclusive en la presentación del público. “En India hay mil, dos o tres mil niños en el patio de una escuela en cada espectáculo..y en Nueva Zelandia he tenido 23 personas en un espectáculo, 17 personas…En un hospital-aunque claro que mejor no haya allí niños para nada—en India puede haber 200…cientos..llevan a todos los niños al césped”, cuenta sonriente. “En Australia apenas termina el espectáculo todo le mundo se va a su casa. Me quedo ordenando con el equipo de la embajada. Pero en India, parece que ahí empieza el espectáculo..se acercan, hablan, preguntan, se interesan…”
A Uruguay trae una gaita muy original, el teremín, una flauta filipina que se toca por la nariz, un caval búlgaro que se cree, nos cuenta, que tiene sus orígenes en el Templo Sagrado y que en arameo se llamaba “mashrokita”…y una darbuka siria “que es hueca, así que la aprovecho al hacer el equipaje, y pongo adentro medias y cosas chicas”.También el adongo (“es como un piano de pulgares”)..y alguno más.
Y no faltará el serrucho—sí, serrucho-que él ha convertido en un increíble instrumento con el que toca “Ave María”. Le gustaría llevar el instrumento más loco que tiene, una quijada de burro que aún tiene los dientes .”Se los golpea como instrumento de percusión, los dientes parece que tiemblan y suena como una matraca”, cuenta Tal divertido, contando que en general acompaña ese instrumento de Perú con algún canto en quechua…pero esta vez no podrá ser porque se le acaba de agrietar en un costado.Nos muestra cómo lo ha pegado y siente que no estará firme para el viaje…aunque no pierde la esperanza de salvarlo.
Canta en hebreo, árabe, ladino, persa y por cierto español…piezas como “Mi madre querida”, “La Navidad de Luis”, “Malagueña Salerosa” y “Amor de mis amores”-dice dando de hecho las frases más conocida de algunas de las canciones, no necesariamente su título.
“Voy a disfrutar, como siempre”, asegura Tal. “Espero seguir aprendiendo..y que la gente se vaya del espectáculo con una sonrisa”.
“Avisa a tu familia y amigos que vayan el domingo al Solís”, sugiere Tal.
Están avisados.
El músico israelí Tal Kravitz en Uruguay
24/May/2013
Montevideo Portal, Ana Jerozolimski